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Léelos, cámbialos o bórralos, sin que ningún servidor vea el archivo.
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la parte que nadie mira
Todo PDF lleva un pequeño bloque de información del documento: título, autor, asunto, palabras clave y dos campos que nombran el software implicado. Los procesadores de texto lo rellenan con los datos de tu cuenta, así que el autor de un archivo exportado desde un portátil de trabajo suele ser un nombre completo, y el productor a menudo indica exactamente qué versión de qué programa lo generó. Nada de eso aparece en la página, y viaja con el archivo hasta todos los que lo reciben.
Ese bloque también sirve cuando está bien puesto. Un título correcto es lo que un navegador muestra en la pestaña y lo que muchos sistemas documentales indexan en lugar del nombre del archivo: un informe llamado «final_v3.pdf» cuyo campo de título siga diciendo «Documento sin título» parece a medio hacer en cualquier lista donde aparezca. Por eso esta herramienta hace las dos cosas: rellenar los campos bien o vaciarlos por completo, y en ambos casos el archivo se reescribe en tu navegador en vez de entregarse a un servidor.
tres pasos
Los valores existentes se leen del archivo y se cargan en las casillas, así ves qué había antes de cambiar nada.
Sobrescribe cualquier campo o usa el botón para vaciar los seis de golpe. No se escribe nada hasta que guardas.
El PDF se reescribe con tus valores y se descarga. Las páginas quedan intactas.
respuestas rápidas
Título, autor, asunto, palabras clave, creador y productor, además de las fechas de creación y modificación. El creador nombra el programa del que salió el documento; el productor, el que escribió el PDF: a menudo son dos programas distintos y más específicos de lo que uno esperaría.
Vacía esos campos en el diccionario de información del documento y el archivo se reescribe sin ellos. Ojo: eso es solo el bloque de metadatos estándar. Un PDF ensamblado a partir de otros documentos puede llevar metadatos estructurados adicionales dentro de objetos incrustados, y ahí no llega ningún editor de campos.
Las páginas no se tocan. El archivo se analiza y se vuelve a escribir, así que la disposición de bytes cambia y el tamaño puede variar un poco, pero el contenido, las fuentes y los enlaces son los mismos.
La mayoría de las bibliotecas estampan su propio nombre ahí al guardar. Aquí se le indica explícitamente que no lo haga, porque una herramienta cuyo trabajo es borrar metadatos no debería añadir los suyos: lo que escribas es lo que acaba en el archivo.
Aquí no. Se muestran pero son de solo lectura: el formato no puede expresar «sin fecha», así que un botón de borrado te dejaría una fecha equivocada en lugar de ninguna, que es peor que enseñar la real.
No. El PDF se lee, se analiza y se reescribe en tu navegador, algo que importa justo en los documentos cuyo campo de autor querrías revisar antes de enviarlos.